El ciclo de vida de los tornados se compone de tres fases:
Formación: Por lo general, se originan en un sistema de tormentas. El aire caliente y húmedo asciende y el aire frío desciende.
Madurez: Una vez formado, puede crecer hasta su máximo tamaño. Es la fase más destructiva.
Disipación: En la etapa final, la falta de aire cálido debilita el vórtice y lo hace delgado antes de desaparecer.
Se han observado tornados en todos los continentes, excepto en la Antártida. Pero en su mayoría (aprox 75%) se producen en los Estados Unidos, en la región conocida como "Tornado Alley".
También es frecuente su formación en el centro-sur de Asia, el sudeste de Australia, Nueva Zelanda y en algunos lugares de América del Sur.
La mayoría de los tornados registran vientos que alcanzan velocidades de entre 65 y 180 km/h, aunque los más intensos han superado los 400 km/h. Pueden tener un ancho de unos pocos metros hasta más de 2 kilómetros.
La intensidad se mide mediante la escala Fujita Mejorada (EF). Esta escala clasifica a los tornados según el daño que causan, de EF0 (menos destructivos) a EF5 (los más destructivos).
Las previsiones en caso de tornado indican:
En todos los casos: mantener la calma, mantenerse informado y cubrirse la cabeza.
Cuando un tornado viene a visitarnos, puede hacer travesuras muy grandes. Si los vientos son muy fuertes, puede llevarse árboles y techos.
También pueden romper postes y cables, dejándonos sin luz, sin teléfono y sin internet.